Recientemente he mantenido varias discursiones con algunos amigos míos acerca del riesgo de practicar deporte, sobre todo cuando éste se realiza a una determinada edad (los taitantos...).

Pos supuesto es innegable que el riesgo es un elemento presente en nuestras vidas, cada día te arriesgas a que intervengan tu banco, a que cierren tu trabajo, a que te rocen el coche o a caerte por las escaleras. También es cierto que, de manera consciente o inconsciente nos preparamos para evitar o cuando menos reducir la posibilidad de que "nos toque la china...", y lo hacemos de manera constante, o porque somos conscientes del peligro o porque las normas, leyes y sanciones nos hacen ser conscientes del peligro...
En el mundo del deporte, y del ocio en general somos Mucho mas descuidados con el riesgo. No es que seamos capaces de hacer lo que nos planteamos, es que además tengo que demostrar al mundo que SOY capaz de hacerlo, pese a que ello suponga un riesgo físico para mi.
Sin embargo, el deporte bien entendido debería tratarse como una superación personal, dentro de los límites de lo razonable.
Cuando comencé a circular en bicicleta hace ahora 3 años, en mi primera salida, tuve una pájara de proporciones espeluznantes. En las siguientes una agujetas absolutamente limitantes, y así en sucesivos intentos de demostrar al mundo mi capacidad y poder. Hasta que finalmente la razón me hizo comprender que lo que de verdad tenía que superar eran mis desgana a volver a los caminos, con agujetas, lluvia, viento o cualquier excusa válida que pudiera acoger.
Mi verdadera superación consistía en llegar a casa, después de la sesión de ejercicio, cansado, pero son la sensación de que hoy había sido mejor que ayer.
Y éste reto debe contemplarse dentro de los límites razonables de mi cuerpo, ¿y como hacemos esto?.
En mi caso concreto acudí a un médico especializado en medicina del deporte que (utilizando para ello mi seguro privado) me realizó un test de esfuerzo, me señaló las Pulsaciones Por Minuto (en inglés Bits Per Minute BPM) en reposo, en 3 zonas de ejercicio, entrenamiento ligero, entrenamiento fuerte y competición, así como las pulsaciones máximas (las que NO debes alcanzar).
También me indicó que éstos parámetros varían ligeramente conforme vas alcanzando una mejor forma física, aunque tienen unos límites naturales basados en tu edad y características fisiológicas.
Con ésto, un buen pulsómetro y mucha conciencia, puedes ir adaptando los ritmos o la intensidad, o programando pausas para mantenerte dentro de las zonas señaladas.
¡Creedme!, esto no es ficción. Es mucho más eficaz unas tandas de entrenamiento suave, con otras de descanso alternados que machacarte como un poseso hasta la extenuación. No sólo tu forma física lo agradece, también tu salud.
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