Cada vez estoy más seguro, el hombre y el Ave Fénix deben tener una gran parte del ADN en común.
Al igual que éste mito de la filosofía egipcia, la civilización humana debe morir cada 500 años para renacer de sus cenizas.
Es curioso observar como cada uno de nosotros sabe, recuerda o presiente que una crisis se aproxima. Como pensamos que "esta no me tocará a mi", y como trasladamos ésta seguridad a los que nos rodean, comprando o vendiendo propiedades como si fueran fáciles de alcanzar, y más fáciles aún de mantener.Esto es lo que ha conocido una generación de jóvenes que ahora tienen de 16 a 20 años. Jóvenes que han vivido en la comodidad que ofrecía la patada adelante de las obligaciones de pago y que ahora se preguntan por que los bancos ya no dan créditos, y porque ya no puedo tener ese coche que me había prometido yo mismo al llegar a los 18.

Y así como se creía que las lágrimas del Fénix tenían poderes curativos, cabe la posibilidad de que las dificultades, penurias en muchos casos, de éstos jóvenes y de sus familias les hagan recuperar la certeza de que el desastre está ahí fuera, acechando nuestros errores, de que, como dice Arturo Pérez-Reverte, "el mundo es peligroso" y hermoso (añado yo) pero hay que saber localizar el punto de equilibrio entre estas dos realidades.
Pero, cuando el Fénix muera (si no ha muerto ya) y resurja de sus cenizas con toda su gloria y esplendor ¿que recogeremos de lo sembrado en ésta crisis?¿tendremos algo positivo que contar a las generaciones que nos sucedan? Yo estoy convencido que si.
En éstos tiempos que corren las palabras Esfuerzo, Empeño, Compromiso, Constancia son clave para subsistir. Los que trabajamos lo hacemos con estos y otros valores, como decían mis abuelos, "trabajando el triple para ganar la mitad". Los que no tienen empleo, buscándolo con tesón, con ahínco, con ganas, viendo un empleo como una posibilidad de mejora y no como un mal necesario. Muchos otros han optado por el auto-empleo, es entonces cuando uno se convierte en su propio jefe, y tal y como leí hace tiempo en un artículo de Martin Varsavsky, "cuando se da cuenta de cuantas horas tiene el día y, sobre todo, cuanto echas de menos a alguien que cargue con la culpa de lo que ocurre por no tomar las decisiones que sabe debe tomar..." (creo que el artículo se llamaba De Director general a Director en General).
En definitiva, bien por la necesidad de luchar para conservar lo que tienes, por la necesidad de obtener algo que no tienes aún, o por la necesidad de crear algo que necesitas, ésta generación y las venideras están encontrando de nuevo significado a los valores, al esfuerzo, al compromiso, y también a la razón y a la prudencia.
Esta será nuestra cosecha, esta, bajo mi punto de vista, será la aportación que esta catarsis llamada crisis en forma de resurgimiento fabuloso cual ave Fénix, nos entregará para que lo traslademos a nuestros hijos y nietos, EL RESURGIR DE LA PRUDENCIA Y EL ESFUERZO.
P.d. Para aquellos que quieran navegar en la literatura antigua os recomiendo el "Oráculo manual y el arte de la prudencia" (Baltasar Gracián 1647) y observareis como las recomendaciones de un filósofo, teólogo y sacerdote que vivió en el Barroco Valenciano y Aragonés donde "El mundo es un espacio hostil y engañoso, donde prevalecen las apariencias frente a la virtud y la verdad. El hombre es un ser débil, interesado y malicioso. Buena parte de sus obras se ocupan de dotar al lector de habilidades y recursos que le permitan desenvolverse entre las trampas de la vida. Para ello debe saber hacerse valer, ser prudente y aprovecharse de la sabiduría basada en la experiencia. Incluso disimular y comportarse según la ocasión" tienen plena vigencia en los tiempos actuales, los chinos tienen a Tsun Tzu, nosotros a Baltasar.



